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“Darse cuenta” es lo más difícil

La dimensión espiritual

Beatriz Santamarina

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18/03/2022

¿Qué significa “darse cuenta”?

Mucho se habla de este primer paso que lo cambia todo, “darse cuenta”, y, a pesar de saber que nos cambiará la vida, no siempre nos damos cuenta de ello. 

Cuando no nos damos cuenta de lo que realmente nos sucede reaccionamos frente aquello que nos causa dolor o malestar de acuerdo a nuestros patrones inconscientes, aprendidos y adquiridos a lo largo de nuestra vida. Nos victimizamos y culpamos al exterior de todo aquello que nos ocurre sin detenernos a observar que es lo que realmente está sucediendo en nuestro interior. 

Darse cuenta es un proceso en el que nos hacemos responsables de nosotros mismos, un proceso a través del cual cambiamos la dirección de nuestra mirada y dejamos de poner el foco en el exterior para enfocamos en nuestro interior y encontrar las respuestas que tanto tiempo llevamos buscando.

En este artículo del blog quiero compartir contigo un cuento de Jorge Bucay, “Darse cuenta”, que pretende hacer una analogía entre lo que le pasa al protagonista y cómo es el proceso de darse cuenta, la toma de conciencia. También podrás encontrar mis reflexiones personales sobre el significado de cada una de estas etapas. Espero que te sirva de inspiración para “darte cuenta”, tomar conciencia, y decidir que hacer con eso que te das cuenta, es decir, elevar tu conciencia

“Darse cuenta” un cuento de Jorge Bucay.

Primer día: Me levanto una mañana, salgo de mi casa, hay un pozo en la vereda, no lo veo y me caigo en él. 

Segundo día: Al día siguiente, salgo de mi casa, me olvido que hay un pozo en la vereda, y vuelvo a caer en él.

Tercer día: salgo de mi casa tratando de acordarme que hay un pozo en la vereda, sin embargo, no lo recuerdo, y caigo en él.

Cuarto día: salgo de mi casa tratando de acordarme del pozo en la vereda, lo recuerdo, y a pesar de eso, no lo veo y caigo en él.

Quinto día: salgo de mi casa, recuerdo que tengo que tener presente el pozo en la vereda y camino mirando al piso, y lo veo y a pesar de verlo, caigo en él.

Sexto día: salgo de mi casa, recuerdo el pozo en la vereda, voy buscándolo con la vista, lo veo, intento saltarlo, pero caigo en él.

Séptimo día: salgo de mi casa y veo el pozo, tomo carrera, salto, rozo con las puntas de mis pies el borde del otro lado, pero no es suficiente y caigo en él.

Octavo día: salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, salto, ¡llego al otro lado! Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido, que festejo dando saltos de alegría… y al hacerlo, caigo otra vez en el pozo.

Noveno día: salgo de mi casa, veo el pozo, tomo carrera, lo salto, y sigo mi camino.

Décimo día: me doy cuenta recién hoy… ¡que es más cómodo caminar por la vereda de enfrente!

Darse cuenta – Jorge Bucay

Días 1, 2 y 3: Darme cuenta del pozo

No es casualidad que a lo largo de la vida nos encontremos con las mismas situaciones una y otra vez. Llegan a nuestra vida para que aprendamos algo y hasta que no lo hacemos, ahí permanecen con nosotros. Quizás cambien las circunstancias o las personas, pero lo que subyace sigue siendo lo mismo. 

Analizamos lo que nos ocurre, buscamos diferentes opciones y nos prometemos que esta vez las cosas serán diferentes, que todo cambiará, pero la realidad es que no cambia nada, y tarde o temprano nos volvemos a encontrar en las mismas circunstancias, el mismo tipo de relaciones, los mismos problemas, la misma insatisfacción, etc.

¿Por qué nos ocurre esto? Porque nos limitamos a entender que está sucediendo a nivel racional, intelectual o cognitivo y, aunque es necesario y quizás sea el primer paso, no es suficiente para poder transformar, gestionar, superar, eliminar o aceptar algo, ya que este nivel está gobernado por los automatismos inconscientes que siempre nos llevan a responder de la misma manera. Intentamos buscar la solución con la máscara puesta, cuando esta es la que no nos deja ver. 

Cuando queremos cambiar algo, hace falta pasar por un proceso. El primer paso es darse cuenta, puesto que sin ese darnos cuenta no hay ninguna opción, nunca podremos cambiar aquello que no sabemos qué queremos cambiar, a pesar de que nos está haciendo daño o es perjudicial para nosotros. 

Si no te das cuenta de que llevas una máscara, nunca te darás cuenta de que el primer paso es quitársela. 

En el cuento “Darse cuenta”, Jorge Bucay, médico, escritor y terapeuta, nos habla de la importancia de tomar conciencia de nuestros “pozos”. 

Todos tenemos “pozos”, pensamientos, emociones, actitudes, circunstancias o relaciones, pero no es sencillo percibirlos y menos aún, superarlos o transformarlos. 

Tomar conciencia es el primer paso, pero lo difícil es darse cuenta. ¿Cuántas veces tenemos que caer en el mismo pozo para darnos cuenta de que existe?

Cada uno tenemos nuestros propios «pozos», elementos que nos perjudican de una u otra forma: algunos de ellos son internos como los pensamientos, emociones o actitudes propias, y otros externos como algunas relaciones, personas o situaciones en las que nos vemos envueltos.

En esta fase nuestro nivel de conciencia es muy bajo y lo hacemos lo mejor que podemos. No sabemos que es un pozo, no sabemos que hay un pozo en nuestro camino y, por tanto, no sabemos que hay que hacer para no caer en él. 

Por mucho que nos digan “ten cuidado al salir de casa que hay un pozo”, es cómo si nos hablaran en otro idioma y no entendemos nada. 

Caer en nuestros pozos es necesario e inevitable, pero sí creo firmemente que el número de pozos en los que necesitamos caer para poder darnos cuenta se podría reducir considerablemente con más información y educación sobre estos temas.

Información y educación que nos ayude a conocer nuestra mentalidad, nuestras emociones dominantes, nuestros patrones, a valorarnos más, a poner límites, a escuchar a nuestro cuerpo, a conocer nuestra personalidad, nuestras luces, nuestras sombras, nuestro ego, nuestros valores, nuestras creencias… 

En definitiva, información y educación para poder identificar esos pozos, sin necesidad de que sea el sufrimiento que acumulamos por caer en ellos lo que nos haga despertar y darnos cuenta. 

Días 4, 5 y 6: Poniendo conciencia en el pozo.

¿Sientes que en tu vida algo no va bien? ¿Tienes miedo? ¿Te alteras en cualquier momento? ¿Mantienes hábitos no saludable? ¿Estás en una relación tóxica? ¿Te sientes insatisfecho laboralmente?…

Muchas veces en nuestra vida sabemos que algo no va bien. Cuando atravesamos por una época así, nos agarramos a un futuro ideal en el que imaginamos que todo va a ser y estar mejor.

Pero la realidad es, que este futuro ideal nunca llega, porque depende de las decisiones y acciones que tomamos y realizamos hoy. ¿Cómo vamos a construir ese futuro que tanto deseamos si no somos capaces de poner el primer ladrillo?

El ladrillo que pongas hoy te ayudará a construir el Edificio de tu Vida del mañana.

(Beatriz Santamarina)

Si crees que estás atravesando por una época así te invito a que contactes contigo mismo y comiences a reflexionar a un nivel más profundo. Quizás las siguientes preguntas pueden ayudarte:

  • ¿Qué es lo que quieres dejar atrás? 
  • ¿Qué es eso que te gustaría cambiar en tu vida?
  • ¿Cómo te hace sentir esa situación, circunstancia o persona?
  • ¿Qué daño te está causando?
  • ¿Qué beneficio oculto se esconde tras ella que hace que lo mantengas en tu vida?
  • ¿Qué quieres ocultar?
  • ¿Qué se está poniendo en juego de ti mismo?
  • ¿Qué miedos afloran?
  • ¿Qué pensamientos tienes al respecto?
  • ¿Qué creencias tienes sobre esa situación? 

En esta fase de reflexión lo único que podemos hacer es tomar conciencia de lo que nos está pasando, aceptarlo y trabajar la autocompasión, teniendo siempre presente que estamos haciendo lo mejor que podemos hacer en esos momentos porque todavía no sabemos como hacerlo de otra forma. 

Ten siempre presente que es una fase y forma parte del proceso de darse cuenta.

Comienzas a conectar con el daño que está situación te está causando y con el que seguirá causándote si continuas así.

Día 7: Empezar a cambiar la respuesta.

Demasiados años de sufrimiento que solo se soportan si dejas de sentir, si te anulas o si bloqueas tus emociones. Pero no se puede seleccionar qué quieres sentir o qué no. Si dejas de sentir, no sientes nada, ni lo bueno ni lo malo. Lo aguantas todo, hasta que de alguna forma mueres en vida.

Hay personas que mueren a los 40 años pero los entierran a los 90 años.

(Beatriz Santamarina)

Quizás lo llamen fuerza, pero realmente son muros. Muros de protección, cuyo fin es protegernos de nosotros mismos y de nuestro sufrimiento. Fuerza que nos permite llevar puestos una coraza para protegernos del dolor acumulado por caer en tantos pozos.

Pero llega un día que despiertas. Algo dentro hace ¡click! y tomas conciencia de que seguir igual solo conduce a un lugar al que todavía es pronto para llegar. Tomas conciencia de que vivir sin sentir no es vivir. Ese día la respuesta empieza a cambiar. 

Nuestros patrones inconscientes dejan de dominarnos y tomar el control. La toma de conciencia abre un espacio, el espacio necesario para dejar de reaccionar y empezar a responder. La toma de conciencia nos permite elegir y elegir nos hace ser libres.

Día 8: Recaída.

¡No bajes la guardia! Ahora que te has dado cuenta, sigue buscando más pozos, pero permanece alerta para no caer de nuevo. No te auto engañes. No te auto sabotees. No te conformes. Lo más difícil ya está hecho.

Cuando nos damos cuenta de los pensamientos, hábitos, relaciones, circunstancias, conductas… que nos causan daños, a veces, volvemos a caer al pozo, bien porque darse cuenta de todo esto no es fácil y es más cómodo volver al modo piloto automático, cerrar los ojos y volver a dormirse, o bien porque podemos relajarnos y bajar la guardia creyendo que ya lo tenemos todo controlado, y cuando nos queremos dar cuenta estamos en el pozo otra vez. 

Pasar de oruga a mariposa lleva su tiempo y un proceso de toma de conciencia requiere constancia, perseverancia y mucho trabajo. 

Día 9: Consolidación.

¡Bravo! Hoy sales de casa, te acuerdas de que hay un pozo, lo ves y lo saltas. 

Ya eres capaz de reconocerlos con mayor facilidad y, aunque esto no te garantiza no volver a caer nunca en tus pozos, si te garantiza que varía su tamaño, su profundidad, que sabes que existe, dónde está, cómo gestionarlo y que no querrás permanecer allí durante mucho tiempo.

Ahora nuevas perspectivas se abren ante ti, nuevas formas de saltar y cada vez lo harás con mayor soltura.

Nada ha cambiado, salvo tú y, entonces, todo es diferente. 

Día 10: Una nueva mirada.

Pensar fuera de la caja, ¿te suena esta expresión? Pensar fuera de la caja es explorar nuevas posibilidades alejadas de lo que normalmente pensaríamos.

Todas las personas intentamos buscar soluciones a nuestras preocupaciones, pero cuando estamos dentro del problema no somos capaces de ver diferentes alternativas porque formamos parte del problema. 

Ahora bien, si cambiamos la mirada hacia una mirada más interior, nos damos cuenta y elegimos que hacer con eso que nos damos cuenta, tomamos conciencia y elevamos nuestra conciencia, dejamos de ser parte del problema para comenzar a ser parte de la solución.

Una persona que no se da cuenta sólo ve una solución, la única que es capaz de ver mientras sigue gobernado por sus automatismos inconscientes. Una persona que se da cuenta se abre a cualquier otra nueva posibilidad.

Conclusión

El darse cuenta es una actitud de compromiso con uno mismo, de estar atento a todo aquello nos sucede en la vida durante el mayor tiempo posible, de tomar las riendas de nuestra vida y no dejar que el piloto automático sea el que lleve el control. 

Darnos cuenta de que nos damos cuenta es algo que sólo nosotros podemos hacer. Por mucho que nos digan, si nosotros no vemos el pozo seguiremos cayendo en él. 

Una vez que nos damos cuenta de que hay un pozo, de que hay algo que nos está haciendo daño y que es perjudicial para nosotros, la ayuda de un profesional puede resultar muy beneficiosa, porque supone tener una mano que nos ayuda y sostiene hasta que consigamos saltar el pozo y encontrar nuevos caminos y nuevas posibilidades para cambiar aquello que ahora sí, ya sabemos que queremos cambiar. 

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